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Comprender para evitar «El proceso de la vivencia suicida»

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La conducta suicida, puede entenderse desde diferentes dimensiones, tal como lo plantea el psiquiatra Alejandro Rocamora, quien se introduce en el mundo de la complejidad en la vivencia suicida para explicar algunos de sus elementos. Se entiende la conducta suicida como envuelta en varias dimensiones, por ejemplo, cuando hay un componente biológico (alteración de los neurotransmisores en los cuadros depresivos), psicológica (dificultades del sujeto para resolver problemas), social (escasos vínculos), entre otros. Igualmente puede corresponder a múltiples motivaciones cómo una forma de autoagresión, heteroagresión, escape de una situación conflictiva, petición de ayuda; y a su vez dicha conducta es polifacética, es decir hay múltiples formas de dar cuenta del deseo de suicidarse, por escrito, por acciones. Aun se complejiza mas si se entiende en el marco de un espectro que va desde la ideación suicida, pasando por la crisis suicida, el gesto, la tentativa de suicidio, el suicidio frustrado y el suicidio consumado. Esta complejidad de rasgos hace que el estudio en si mismo de la conducta suicida, pueda llevarnos por caminos insospechados y únicos para cada caso particular, dependiendo de cómo la persona interactúa con determinada historia y contexto, y en ese orden de ideas, como trabajando en esto, podría encontrarse una respuesta alternativa a esta conducta.

“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”

Martin Luther King

¿Cómo contempla el suicida la muerte?

Partimos de comprender planteando que nadie quiere morir y que la muerte es absurda para todo ser que vive, donde este presenta deseo de permanencia; si embargo para una persona con tendencia suicida, el suicidio sería solucionar un problema temporal de forma definitiva, se asocia generalmente con parar el sufrimiento, el dolor, la angustia donde pareciera que las otras salidas se achican y no son claras para quien vivencia el espectro suicida. Solo en la medida en que comprendamos la función de esta conducta, encontraremos alternativas efectivas para prevenirlo.

El comportamiento suicida es en primer lugar un acto de vida y no de muerte (…) el suicida desea liberarse, cambiar o regresar, pero en el fondo subyace el deseo de vivir”

Scheneider

¿Cuáles son las fases de la vivencia suicida?

En los estudios trasnversales realizados sobre la tendencia suicida, se describen particularmente tres estadios: fase de consideración, fase de ambivalencia y fase de decisión.

Fase de consideración: El suicidio es contemplado como una posibilidad. Empieza a contemplarse el suicido como una salida de una situación angustiosa. En esta etapa pudiera tener mucha influencia historias de suicidio que se conozcan.

Fase de ambivalencia: en este punto se refleja la lucha entre las tendencias constructivas y destructivas. Empieza a dudarse sobre los beneficios del suicidio, sin embargo, no se rechaza del todo. En este punto muchas veces los centros de intervención en crisis o centros médicos despliegan toda su capacidad de reacción para prevenir el suicidio.

Fase de decisión: En esta fase hay que estar atentos a los avisos indirectos, que puede dar el presuicida, algunos de ellos mejoras repentinas en estados de ánimo, preocupación por dejar testamentos listos, cartas de despedida. Inclusive en muchos casos ya se tiene un plan elaborado para poner en práctica la acción suicida.

Estado de ánimo de las personas con conducta suicida

Según la Organización mundial de la salud (OMS), se podrían identificar tres estados de ánimo principalmente, asociados a la vivencia suicida:

a) Ambivalencia: Mezcla de sentimientos, donde se juntan el deseo de vivir y de morir. Igualmente se presenta un afán por liberarse del sufrimiento que representa vivir unido al deseo de seguir viviendo. Muchas personas con tendencias suicidas, realmente no quieren morir, si se suministra apoyo necesario y se aumenta el deseo de vivir, podemos aumentar el riesgo.

b) Impulsividad: se podría contemplar en alguna instancia el suicidio como un acto impulsivo, transitorio, con una duración de minutos a horas, que habitualmente es desencadenado por acontecimientos negativos del día a día; con esto si se puede “calmar” las crisis, se puede ganar tiempo, reduciendo a su vez el deseo de suicidarse.

c) Rigidez: Cuando las personas ya presentan una “lógica suicida” sus pensamientos, sentimientos y comportamientos son rígidos, acompañados de continuos pensamientos sobre el suicidio.

Actitudes frecuentes de la persona con conducta suicida

Llamada de socorro: generalmente la conducta suicida podría concebirse como un grito de auxilio y desesperación del sujeto; siendo en muchas situaciones la escucha una vía para resignificar esas ideas de suicidio

Victimización: La persona se encuentra mas preocupada por manifestar su malestar que su misma intención de morir. Aquí es importante no pasar de largo ante dicha manifestación, ni aliarse con la conducta suicida, pero si aclarar dentro lo que se plantea, posibles luces para apoyar y prevenir la conducta suicida

Reacciones en corto circuito: Aquí entrarían conductas suicidas impulsadas por eventos desencadenantes traumáticos, ejemplo de ellos las separaciones, enfermedad mortal; y en este punto se manifiesta el deseo de morir, ya que no se puede soportar la angustia que puede producir este acontecimiento.

Errores frecuentes en la intervención en conductas suicidas

Ya en el contexto de la relación terapéutica, se identifican algunas de los errores que pueden cometerse dentro del proceso de acompañamiento  e intervención en conducta suicida, algunos de ellos son:

-“Pasar de largo”, que no es otra cosa que evitar tocar el tema, esto entre otras cosas puede producirse por la angustia del terapeuta ante la presencia de idea de muerte en el otro, siendo la alternativa el escape de esa situación, cambiando la conversación hacia otros temas.

Racionalización: Es cuando en el contexto terapéutico fácilmente caemos en la tentación de buscar razones para vivir en el consultante, por ejemplo sus hijos, su esposa, el trabajo. En el momento que el consultante exprese su idea de suicidio y la respuesta sea entorno a convencerlo que no lo haga con argumentos, no se desmonta la tendencia suicida, sino que esto puede tener una conducta paradójica. En este punto lo recomendable es conectar con la emoción y el afecto, permitir que aflore aquello que está lastimando o generando angustia en el consultante, y a través de esta escucha y facilitación de espacio seguro, contemplar otras opciones.

Omnipotencia: Los pensamientos que podremos sacar a la persona de esa vivencia sin reconocer que realmente quien debe transitar la ruta hacia la vida es la persona misma; la recomendación en este punto es a señalar las metas, pero no recorrer el camino por la persona que está buscando ayuda.

Alejandro Rocamora, nos brinda elementos para comprender el proceso de vivencia suicida y las diferentes dimensiones que hace parte de la misma, para que también se puedan identificar acciones que prevengan la consumación de esta conducta, asumiendo una postura reflexiva, de escucha, de respeto por el dolor del otro, pero también de estar en la capacidad que en el acompañamiento de estos procesos, esa visión de túnel, se cambie por una donde se puedan contemplar otras soluciones, facetas, colores.

Fuente:

Rocamora, A (2012) Intervención en crisis en la conducta suicida. Desclee de Brouwer.

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